THE ATTORNEY GENERAL OF TEXAS
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El juramento a la bandera de Texas

Los jóvenes de texas que regresan a clases empezarán el día con el juramento a la bandera del estado y del país. Cuando digan el Juramento a la Bandera de Texas, tendrán cuatro palabras nuevas que decir: un estado bajo Dios. Esas palabras deben parecerle conocidas; los estadounidenses las han estado diciendo por más de 50 años en el Juramento a la Bandera de Estados Unidos. Desafortunadamente, una pareja del norte de Texas está demandando al Estado para impugnar el juramento estatal. Esta pareja, que se declaran ser ateos, no quiere que sus hijos tengan que ver y escuchar a sus compañeros participar en un ritual en el que proclaman que hay un Dios y que Texas es un estado bajo Dios. Como el abogado del estado, estoy comprometido a defender vigorosamente nuestro Juramento. Y hasta el momento hemos tenido éxito: en agosto, un juez federal de distrito negó la petición de la pareja de remover la frase mientras que la demanda prosigue en el sistema judicial. Los fundadores de Estados Unidos diseñaron la Primer Enmienda para garantizar el derecho a creer o no en Dios, pero esa protección no separa a Dios de la arena pública, al contrario. La historia de Estados Unidos y Texas muestra claramente que los Fundadores buscaron orientación divina al establecer nuestro sistema de gobierno y reconocieron públicamente esa influencia en cada paso. Los 56 firmantes de la Declaración de Independencia de Estados Unidos apelaron a la naturaleza de Dios, al Juez Supremo del mundo y a la divina providencia, y reconocieron que todas las personas fueron dotadas por su Creador con ciertos derechos inajenables. El Congreso autorizó que hubiera capellanes pagados para la Cámara y el Senado la misma semana que aprobó la Primera Enmienda. En lo que hoy se conoce como el Statuary Hall del Capitolio estadounidense, la Cámara llevó a cabo servicios religiosos por 50 años. Thomas Jefferson, escritor de la Declaración, y James Madison, autor de la Primera Enmienda, asistían con regularidad. Los predicadores hasta usaban el estrado del Presidente de la Cámara de Representantes como púlpito. Aquí en Texas, cuando nuestros antepasados lucharon por la independencia, su reconocimiento abierto del Todo Poderoso resonó a lo largo del Washington-on-the-Brazos. Cuando Sam Houston y sus valientes compañeros declararon su independencia de México, invocaron al Todo Poderoso y al Dios verdadero y viviente. Concluyeron la Declaración de Independencia de 1836 comprometiendo su destino sin temor y con confianza al árbitro Supremo del destino de las naciones. Cuarenta años después, los escritores de la Constitución de Texas escribieron (h)umildemente invocando la bendición del Dios Todo Poderoso. Con un historial tan claro de dependencia en la Providencia, no debe sorprender u ofender que se reconozca a Dios en nuestro Juramento estatal. Las cortes federales han visto la idea de manera favorable. Desde que el Congreso añadió bajo Dios al Juramento de Estados Unidos en los años 50, casi todas las referencias al Juramento que ha hecho la Corte Suprema de Justicia han afirmado su conformidad con la Primera Enmienda. Hace tres años, el Presidente de la Corte Suprema, William Rehnquist, dijo claramente en Elk Grove v. Newdow, No creo que la frase bajo Dios convierta el decirlo en un ejercicio religioso La Juez Sandra Day OConnor expresó su opinión en 1985 en Wallace v. Jaffree diciendo que la referencia a Dios sirve como un reconocimiento a la religión con los propósitos seculares legítimos de solemnizar ocasiones públicas, (y) expresar confianza en el futuro. En el mismo caso, el entonces Presidente de la Corte Suprema, Warren Burger, observó que dictaminar que el Juramento era inconstitucional ridiculizaría nuestro proceso para tomar decisiones en los casos de cláusulas que establecen el estado laico. Hasta el Juez William Brennan, quien no es uno de los miembros más conservadores de la Corte Suprema, admitió en el caso School District of Abington Township v. Schempp que (l)a referencia a la divinidad en el nuevo juramento a la bandera quizás reconozca el hecho histórico de que se creía que nuestra nación fue establecida bajo Dios. La meta es la neutralidad. La Primera Enmienda no permite que el gobierno respalde una religión, pero el gobierno tampoco puede exhibir hostilidad hacia esta. Es un equilibrio delicado, pero incluir las palabras bajo Dios en el Juramento a la Bandera de Texas lo logra con éxito y de manera constitucional.